Vecinas De Ensueño? - La Vecina Lesbiana

Tu vecina ideal, o no?

 

Categoría: Ballbusting Extremo/Castración, Mujer(es) Adulta(s) (+18)/Adolescente(es) (+13)

 

Cuando éramos críos, todos tuvimos alguna vez un amor platónico con el cual vivíamos nuestras fantasías despiertos (y dormidos). A Armando le pasaba exactamente lo mismo con su vecina Carmen. El chico de 15 años dedicaba cada paja en honor a la hermosa joven de 21 años, una estudiante universitaria rubia, alta y de buen ver con sus senos medianos y culo firme y sinuoso. Lo hacía en la soledad de su habitación, en el baño o en el sofá cuando estaba a solas en el apartamento sin deberes del colegio, imaginando toda clase de situaciones en las cuales podría estar junto a ella y empotrarla sin descanso con su polla virgen.

 

Lamentablemente para él, aunque no lo sabía; Carmen era lesbiana y ni el semental más dotado del mundo o el galán más apuesto no la haría cambiar de parecer, mucho menos un delgado adolescente con las hormonas bastante revolucionadas. Sin embargo, la muchacha no encontraba la manera menos traumática para disipar las ilusiones del jovencito.

 

Armando siempre encontraba una excusa para hablar con ella y de paso, hacer sutiles insinuaciones para un eventual polvo con el cual desfogar su ardiente deseo por la chica, pero ella pasaba de ello casi siempre desviando la conversación o “malentendiendo” el verdadero significado de lo que el chico decía, que se frustraba en silencio no pocas veces.

 

Lo peor para Carmen fue cuando Armando logró conseguir su número de móvil. Algunas veces todo quedaba en un simple saludo, pero en otras oportunidades el chaval insistía con asuntos más personales y la verdad, para la muchacha comenzaba a ser muy molesto.

 

El acontecimiento que empezó el deterioro de la convivencia fue una típica invitación a ver una película en su piso. Carmen, que normalmente habría rechazado dicho avance, aceptó debido a que era una película que deseaba ver pero por asuntos de estudios no había tenido tiempo. Como era de esperarse, la respuesta positiva de la joven aumentó las esperanzas del adolescente para esta vez, con un poco más de suerte; poder clavar su miembro en la humedad del coño de Carmen.

 

Todo iba a pedir de boca para el chico: su madre no estaría en casa por cuestiones del curro y tendría al menos unas tres horas para lograr convencer a su vecina en una situación inmejorable. Preparó palomitas para la ocasión y ya el refresco estaba frío, solo faltaba que Carmen llegase.

 

Mientras esperaba, Armando se veía al espejo, adoptando expresiones que variaban desde la de total seguridad hasta la romántica. Entre que ensayaba ademanes y algunas frases, se escuchó un toque en la puerta y el jovencito respiró profundamente y mentalmente se dio ánimos. Al abrir la puerta, en efecto se trataba de Carmen y el chico tuvo que esforzarse para no empalmarse de una.

 

Carmen vestía una camisa blanca de tirantes, que resaltaba sus hermosos pechos sin sujetador (se podía discernir sus pezones) y un legging rosa que marcaba la perfecta silueta de sus piernas. Con un nervioso hola Armando la invitó a entrar y la chica respondió igual con una sonrisa. A pesar de su breve ejercicio frente al espejo, la situación no podía ser más tensa o excitante.

 

“Que tal todo? Donde veremos la película?” preguntó ella al mirar la sala y no ver la tele.

“En mi habitación… será más cómodo,” respondió Armando y Carmen asintió, esperando que la guiase hasta allí.

 

El jovencito la llevó y ella se puso cómoda en uno de los mullidos asientos que estaban entre la cama y la tele mientras veía todo con curiosidad y Armando buscaba las palomitas y refrescos, tratando de bajar las pulsaciones de su corazón y repasando como haría todo una vez la película estuviese puesta.

 

Regresó a los pocos minutos y le dio a la chica su tazón lleno de palomitas y un vaso grande. Ocupando su lugar en la butaca junto a Carmen, se dispusieron a mirar la película. Todo transcurrió con normalidad, la joven estaba emocionada y tan distraída que no se daba por enterada que el chaval a su lado ya no miraba la pantalla, sino que tenía la vista fija en sus tetas. Armando se relamía y a cada tanto miraba a Carmen para evitar ser descubierto.

 

“Está bien interesante la película, no te parece?” le comentó ella sin mirarle.

“Si, si, muy buena…” atinó a responder el adolescente, arrimándose un poco más a Carmen.

 

La respiración del muchacho se volvía mas ruidosa y errática conforme intentaba disimuladamente mover su brazo derecho encima de su cama para rodear con él a la chica, que seguía mirando la película; absorbida por la trama y las escenas de acción. Con el corazón latiendo a mil, Armando logró posar su brazo alrededor de los hombros de Carmen, que tardó una fracción de segundo en notar lo cómodo que el jovencito estaba.

 

Como si no estuviese haciendo nada, Armando miraba la tele mientras su brazo ya se apoyaba sin disimulo, y su mano acariciaba el brazo de Carmen, que no tardó mucho en carraspear y aclararse la garganta; pero el chaval no puso cuidado.

 

“Armando… que coño haces?” dijo Carmen más seria sin obtener respuesta del adolescente.

 

Ignorando el tono de amenaza de la chica, Armando siguió su toqueteo hasta llegar a apretar su seno derecho. Había cruzado la línea roja y ofuscada, Carmen le cogió la muñeca y con su mano libre fue a por la entrepierna del chaval.

 

El chico gruñó de agonía al sentir el feroz apretón. La joven había agarrado su testículo derecho y lo exprimía sin compasión, Armando dejó de tocar su seno y en vano trataba de escapar del violento agarre pero acabó por rendirse y suplicar por piedad. Carmen no le hizo caso y se acomodó sobre él.

 

“Suelta por favor… me estás lastimando!” jadeó entrecortadamente el muchacho.

“Y un cuerno. Esto es para que aprendas a no ser un baboso,” le espetó ella hecha una furia y redobló la intensidad del apretón.

 

Cerrando los ojos y bufando, Armando se quedó helado; el dolor se multiplicaba por diez y en menos de un minuto lloraba por su huevo, implorando y pidiendo perdón. Ante tal patética claudicación, Carmen por fin liberó su testículo y se puso de pie, contemplando al varón hecho un ovillo y con sus manos en su entrepierna.

 

“Por eso no me gustan los tios. Sois tan débiles que con solo apretaros un poco, lloráis como niñas por esas ridículas pelotas. Si vuelves a tocarme o molestarme, te juro que la próxima vez las convierto en una tortilla,” advirtió Carmen y con paso firme salió de la habitación, dejando al jovencito lloriquear y bufar del intenso dolor.

 

Sin embargo, lejos de aceptar el rechazo y la dolorosa advertencia; Armando comenzó a intensificar sus intentos de convencer a Carmen de cambiar de opinión, con resultados invariables. Mensajes, notas de voz, encuentros casuales o premeditados, nada funcionaba y solo hacían quedar al adolescente rechazado como un acosador de cuidado. El chico no podía concebir que semejante monumento de mujer fuese lesbiana y pasase de él como simple despojo.

 

“Vaya desperdicio, una pena…” algunos de sus amigos le dijeron al contarles sobre la orientación sexual de Carmen. Armando ya comenzaba a pensar de la misma manera, pero aún seguía albergando una remota posibilidad.

 

Por el lado de la chica, la situación fue primero de indiferencia absoluta, pero poco a poco su tranquilidad y la convivencia diaria de vecinos fue deteriorándose con los constantes incordios y propuestas. Aquel chaval no la dejaba en paz y lo peor estaba por venir…

 

Esa tarde Carmen regresaba de la universidad. Su novia Esperanza se ofreció a llevarla y de paso, conversar un poco por el camino; ya que la había notado muy diferente en los últimos días. Esperanza era unos 5 años mayor, de buen ver aunque era más bronceada que su joven novia y sus senos no eran tan grandes. Además, llevaba el cabello rapado del lado izquierdo y por su apariencia nadie tenía dudas de su sexualidad o de que era una mujer de carácter.

 

Al escuchar todo lo que su vecinito había hecho y dicho, Esperanza se indignó como era de esperarse y le propuso ir a hablar a la madre de Armando, pero Carmen no quería ser demasiado alarmista.

 

“Puedo manejarlo. Además, ya hace dos días que no da problemas, seguro ha visto a alguna otra chica y se le va a pasar,” comentó Carmen.

“Siempre vuelven a molestar. Los que son como él, que van de machitos; nunca van a dejar de molestar. Una buena lección y ya dejan de ser un problema,” aseguró Esperanza.

“Tendrías que haber escuchado como lloraba por sus gónadas,” dijo Carmen y ambas rieron.

 

Llegaron al edificio y Esperanza aparcó el coche frente a la entrada. Se bajaron y se dispuso a subir y acompañar a su novia, cuando se fijaron en un grupo de chicos entre los cuales estaba Armando.

 

“Mira, pero si son la bella y la bestia come almejas. Vaya que si tenías razón, tío…” dijo uno de los amigos de Armando, ufano.

 

Carmen detuvo a su novia y se encaró con los adolescentes.

 

“Que bajo has caído, chaval. Acéptalo, ni en un millón de vidas una chica os dará bola, mejor dedícate a Manuela; es lo más cercano a una chica que vais a tener,” le espetó ella y los chicos solo se dedicaron a burlarse de ella y Esperanza, que miró a su novia como diciendo “os lo dije”.

 

“Tienes razón, los capullos no cambian…” murmuró Carmen en el elevador.

“Vas a hablar con su madre?” preguntó Esperanza.

 

La expresión de Carmen fue casi irónica.

 

“Ya se te olvido? Una buena lección y ya dejan de ser un problema,” le recordó ella.

“Esa es mi chica!” repuso Esperanza mientras abandonaban el elevador.

 

Armando subió al rato y se puso a ver la tele a la espera de una pizza a domicilio. El repartidor llegó en menos de 15 minutos y el chaval pagó y se dispuso a comer cuando de nuevo escuchó la puerta.

 

“Joder, y ahora que quiere este tío?” resopló Armando encaminándose a la puerta.

 

Apenas abrió unos pocos centímetros, alguien empujó violentamente la puerta desde fuera y Armando cayó al suelo después de un traspié. Cuando el adolescente intentó ponerse de pie ya habían entrado y abalanzado sobre él, poniéndole un trapo húmedo en el rostro, mientras perdía el conocimiento rápidamente y todo quedó a oscuras…

 

“Venga chaval, os vais a perder la mejor parte…” una voz murmuró por encima de su cabeza y escuchó un par de risas amortiguadas.

 

Finalmente entornó los ojos y comprobó que no estaba en su piso. Tampoco llevaba ropa puesta y su cabeza parecía estar apoyada sobre un par de piernas. Sentía algo duro en la boca que le impedía hablar, pues le habían colocado una bola de mordaza; y para mayor horror, una sensación escalofriante y desconocida provenía de algún punto de su entrepierna.

 

Alguien había atado una cuerda alrededor de su escroto, el cual ya estaba un poco amoratado por la falta de circulación. Sosteniendo de pie el otro extremo de la cuerda, estaba su vecina Carmen; con una mirada diabólica en sus bellas facciones. El jovencito entró en pánico y comenzó a sudar.

 

“Te lo había advertido, gilipollas. Te dije que si seguías os iba a reventar los huevos, bien… una promesa es una promesa,” dijo ella, dándole un tirón feroz a la cuerda.

“Mnnnmm!” balbuceó lo más alto posible el chaval, mientras sus cataplines eran estirados sin compasión; dejando al chico sin aliento y con lágrimas de dolor.

 

Carmen tiraba de la cuerda con ambas manos, causando el mayor dolor posible. Armando echó la cabeza hacia atrás, ojos en blanco y carente de fuerzas. El dolor subía por su bajo vientre, a medida que sus conductos seminales eran salvajemente estirados, sentía como sus piernas flaqueaban y perdían toda la fuerza para forcejear o impedir que la furia de su vecina se las arrancase de cuajo. Pronto dejó de tensar la cuerda y el muchacho gruñó aliviado de momento, pero el dolor y angustia inicial se habían multiplicado por diez entonces.

 

“Solo acaba de empezar, cerdo. Al final, serás quien termine como un desperdicio,” dijo Esperanza, que palmeó su rostro desencajado.

 

El joven movió la cabeza despacio, aunque no podía articular palabra después de semejante tortura, sus ojos abiertos suplicaban piedad; algo que no iba a ser concedido.

 

La vecina se colocó entre sus piernas separadas y comenzó a retorcer su escroto atado de un lado al otro. Otro grito ahogado escapó de Armando, pero fue ignorado por Carmen; que siguió retorciendo sus gónadas dentro del saco escrotal, riéndose junto a su novia. Las uñas de la joven se clavaban en su punto débil, aumentando el terrible suplicio del chaval; que parecía mirar lucecitas blancas a su alrededor.

 

Así estuvo ella por minutos interminables, tratando en algunas ocasiones hacer que sus huevos intercambiasen su posición en vano; aunque no se desanimaba por ello. La pareja se besó apasionadamente por encima de él, en tanto Carmen continuaba apretando, retorciendo y exprimiendo sus bolas como si fuesen pelotas antiestrés. El chico estaba muy mareado para intentar liberarse de esas mujeres y su ira.

 

Cuando por fin le dio otro respiro, las mujeres comprobaron que esos huevos estaban hinchándose y el color de la piel del escroto era más amoratado y brillante, no tenía muy buena pinta. Armando solo deseaba poder agarrarse su hombría y aliviar el dolor.

 

Esperanza se apartó y se puso junto a su novia, inclinándose sobre su miembro inerte y, sin previo aviso; la mujer comenzó a morder y estirar su prepucio con sus dientes. “Grrnnnrrr” se pudo oír de la boca amordazada del chaval, Esperanza no era para nada amable y clavaba sus dientes con fuerza, como dispuesta a circuncidarlo allí mismo. Carmen le apretaba los huevos con fuerza inusual, incrementando la agonía que el adolescente sentía, un ligero zumbido pitaba en sus oídos.

 

La joven se alejó, dejando a su novia maltratar la polla del chaval, que no vio como su vecina se ajustaba una nudillera en su mano. Al regresar, Esperanza le dejó en paz por unos segundos, viendo las marcas que sus dientes dejaron en la masculinidad del muchacho, que no paraba de balbucear implorando perdón y así escapar de una castración segura.

 

Mostrando la nudillera a su vecinito, Armando se puso como loco tratando de moverse, pero Esperanza se sentó sobre sus brazos mientras Carmen se acomodaba. La joven levantó el puño y lo hundió con todas sus fuerzas en la entrepierna del chico. Armando gruñó como un perro herido al sentir el atroz golpe en su intimidad, y el dolor redoblarse una vez más; sin embargo no tuvo tiempo para lamentarse al sentir un segundo puñetazo en sus gónadas.

 

Otro gruñido lastimero se dejó oír, pero Carmen; alentada por su novia, seguía machacando y haciendo puré esos huevos. Con cada golpe, el jovencito hacía menos resistencia y el dolor le cegaba la visión. Sus testículos crecían a un ritmo rápido gracias al apaleamiento al que estaban siendo sometidos. Las mujeres reían a mandíbula batiente observando las grotescas muecas en su rostro pálido y convulsionado.

 

Cada hostia era como si un coche le pasase por encima de los huevos. Después de incontables golpes, sus huevos estaban en una condición lamentable: hinchados como pelotas de tenis, escroto amoratado de apariencia poco saludable y venas inflamadas. Carmen miró a su novia como diciendo que ya era el momento de acabar.

 

“Hagámoslo juntas,” dijo ella y Esperanza asintió.

 

El chaval no se dio por enterado, solo cuando un par de manos se hundieron en sus partes, apretando y exprimiendo sus pelotas; deseó no haber nacido con testículos entre sus piernas. No pasaron muchos minutos cuando las mujeres comenzaron a sentir que aquellas patéticas gónadas perdían su forma, convirtiéndose en una masa amorfa al tiempo que transformaban esos otrora saludables y orgullosos testículos en una tortilla.

 

Para Armando, el dolor alcanzó niveles astronómicos. Pudo sentir con detalle como sus huevos apaleados se deshacían en las manos de esas dos zorras con mala leche, un pequeño hilo de lefa mezclada con sangre salió disparado de su polla, una señal de que sus gónadas se estaban despidiendo y ahora sería nada más que un eunuco.

 

Por fin pudo desmayarse por el dolor y el shock, para al menos así poder olvidarse de ello por un rato, mientras las chicas reían satisfechas al haber acabado con un machito…

Comentarios

  1. Que paso con las historias?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No ha habido mucho interes y no he publicado nada

      Eliminar
    2. Amigo. No te desanimes, me gustan tus relatos. Tengo un sitio web con la idea de hacer algo grande, una comunidad, me gustaría que contactes conmigo si estás interesado, te dejo mi correo mrpenguinattacks@gmail.com

      Eliminar
  2. Hola. Espero que ese proyecto vaya bien. Y espero que vuelvas a subir historias

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Gemelos Incorregibles

Vecinas De Ensueño? - El Escote De La Diabla

Escenarios-Situaciones